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Benedicto XVI renuncia cansado de los escándalos

Si bien anunció que su renuncia se debe a su salud, se considera que ésta es solo una de las aristas que le habrían obligado a dejar el cargo.

11-02-2013, 9:22:37 AM
Benedicto XVI renuncia cansado de los escándalos
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La renuncia de Benedicto XVI a su pontificado no solo sorprendió al mundo, sino que dio paso a una serie de especulaciones y análisis en torno a la situación actual de la Iglesia Católica, ya que esto es visto como otro signo de debilidad institucional.

Si bien el máximo líder católico anunció que su renuncia obedece a cuestiones de salud y cansancio físico y mental, los analistas consideran que ésta es solo una de las aristas que habrían obligado a Ratzinger a dejar el cargo, al que fue elegido el 19 de abril de 2005 tras la muerte de Juan Pablo II.

“De cara a gobernar la barca de San Pedro y a difundir el Evangelio, son necesarias tanto la fortaleza de mente como la del cuerpo, fuerza que en los últimos meses se ha deteriorado hasta tal punto en mi que he tenido que reconocer mi incapacidad para cumplir adecuadamente el ministerio que se me confió”, fueron las palabras del Papa al anunciar su renuncia.

En este sentido, Ratzinger contaba con 78 años de edad cuando fue elegido Pontífice, hoy cuenta con 85 años y según reportes periodísticos se le ha visto cansado, principalmente en los eventos públicos de larga duración y demanda física, debido a su problema de diabetes, artritis y del corazón que padece.

Por otro lado, los escándalos también son vistos como causas de la sorpresiva decisión de Benedicto XVI.

Tal fue el caso de Paolo Gabriele, quien fuera el mayordomo papal y a mediados del año pasado fuera condenado a 18 meses de prisión por el robo de documentos confidenciales, los cuales fueron dados a conocer a la opinión pública y generaron un fuerte escándalo, conocido como Vatileaks.

El Papa habría lamentado enormemente el actuar de su mayordomo, una de sus pocas personas de confianza y acompañante en la solitaria misión para reformar y purificar a la Iglesia.

Sin perder la simpatía por su ex empleado, a pesar de ser declarado culpable -incluso el propio Gabriele reconoció su falta- habría utilizado su liderazgo para reducirle el castigo, al grado de que se le excarceló y se le proporcionaría una vivienda y un nuevo trabajo, solo que en exilio del Estado vaticano.

Otra de las situaciones que habrían cansado física, mental y espiritualmente a Ratzinger fue la pederastia y las constantes denuncias en el mundo. En sus casi ocho años sentado en el trono de San Pedro, ha tenido que lidiar con el escándalo de miles de casos de pederastia y su reacción ha sido muy criticada tanto al exterior como al interior del Vaticano.

Su peor año en este sentido fue 2010, cuando se destaparon miles de casos de abusos sexuales, sobre todo a niños, por parte de miembros de la curia en países como Irlanda, Estados Unidos, Bélgica, México o España, donde no solo se trataba de acusaciones, sino que se presentaban denuncias formales de las autoridades civiles contra sacerdotes pedófilos.

Cabe recordar el caso de una de las congregaciones más conocidas, los Legionarios de Cristo, que reconocieron los abusos cometidos por su fundador, Marcial Maciel, expulsado de “todo ministerio público” en 2006, aunque para la opinión mundial el esfuerzo de Ratzinger para combatir esto fue tibio, y la condena y actuación de la Iglesia tardó demasiado en llegar.

Así, ante la presión mediática y social obligaron a Benedicto XVI a mostrar cierta firmeza, a pedir el castigo merecido para los pederastas y a convocar en noviembre de ese año a todos los miembros del Colegio Cardenalicio para debatir el tema, dejando como resultado una guía para actuar contra esas prácticas delictivas y el procesamiento de 432 curas en 2010.

Sin embargo el Papa no fue el único que se debilitó en los últimos años, sino que el catolicismo en general perdió fuerza en el mundo. Tan solo en 2008, los musulmanes representaban el 19.2% de la población mundial, es decir, por primera vez el islamismo superó al catolicismo como la religión con más adeptos, según cifras recogidas en diferentes países y luego reunidas por las Naciones Unidas.

En México, uno de los países con mayor tradición católica en el mundo -pese a ser un Estado laico-, el último censo de población reveló que el catolicismo perdió en los últimos 60 años a casi un 16% de sus devotos, mientras que creció 4% el número de quienes se declaran ateos.

Así, en 1950 los católicos representaban el 98.2% de la población mexicana, pero para 2010 esta cifra se redujo a 89.3%; es decir, perdió a 17.4 millones de fieles. A lo que se suman los millones en el mundo que también optaron por el cambio de religión.

Ante esto, incluso la renuncia de Ratzinger es vista como una decisión “sensata” ante la pérdida de fieles y los constantes escándalos de miembros de la Iglesia Católica en todo el mundo.

Para muchos, el pontificado de Benedicto XVI no será recordado por su intento de renovar a la Iglesia y luchar contra los diversos poderes al interior de la santa sede, sino por la falta de resultados contra la pederastia, el debilitamiento de la fe católica y las sombras que dominan a la curia.

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