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Opinión: Cambio de rumbo, ¿otra vez?

En una economía que encumbra lo desechable y el beneficio inmediato, la mala calidad abunda y la estrategia de largo plazo, escasea.

14-01-2013, 3:53:59 PM
Opinión: Cambio de rumbo, ¿otra vez?
Elie Smilovitz / Twitter: @smilovitz

‘Business as usual’
es una ‘frase hecha’ en inglés que se utiliza en los negocios para referirse a
la normalidad, la continuidad y lo conocido. Aunque carece de una equivalencia
exacta, se puede traducir de la siguiente forma: ‘como de costumbre’.

Si un vendedor al que no conocemos nos vende un producto
duradero, resistente, útil, en definitiva, un buen producto, es muy probable
que, cuando vuelva a ofrecernos algo, lo compraremos. Si el entrenador de un
equipo de primera gana campeonatos, resulta normal que permanezca en su puesto.
¿No debería ocurrir lo mismo con los funcionarios de empresas públicas?

Sólo cuando los resultados superan los objetivos, se genera
confianza, que es un vínculo tan valioso, como difícil de forjar. Y sólo
gracias a ella podemos llegar a decir que el vendedor X nos ha vendido un buen
producto y que el director Y ha vuelto a salir campeón “como de costumbre”.

Pero en una economía que encumbra lo desechable y el beneficio inmediato sobre la calidad y la estrategia de largo plazo, la mala
calidad abunda, la reticencia a invertir en cambios “de fondo” escasea y la
mayoría de los negocios “no aguanta” mucho.  

Para ilustrar lo anterior, cito un ejemplo. Estudios –varios
de instituciones serias como la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL) demuestran que tres cuartas partes de las Pymes quiebran o
fracasan antes de cumplir cinco años de vida, lo que refleja la preeminencia de
 las metas a corto plazo sobre una visión
holística de largo.

¿Todos lo hicieron
mal?

El cambio es una constante en los negocios y en la vida en
general. Pero cuando una empresa privada decide sustituir a su director general
o un equipo de primera a su entrenador en jefe, es consecuencia de que las
cosas no marchan bien.  

La pregunta que surge es si en verdad era necesario
sustituir a una amplia gama de directores de empresas públicas y funcionarios,
sólo porque se eligen a algunos representantes políticos mediante voto popular.
 

Las elecciones traen nuevos presidentes –federal, gobernadores
o municipales-, diputados y senadores federales y locales, pero el trabajo del
día a día en la mayoría de los departamentos de las empresas públicas ni cambia
ni está sujeto a elección popular.

La pregunta surge en un momento
en que la dirección de la Lotería Nacional, de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF), de la Comisión Nacional
del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), de la Comisión Nacional para la
Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), parte de la
directiva de Pemex, etc. etc., han cambiado a pesar de ser posiciones que no se
eligen a través del voto popular.

Sin afán de comparar el currículum vitae de los funcionarios entrantes y
salientes o de cuestionar su capacidad al frente de las instituciones, aplicar tantos
cambios simultáneos genera un costo quizá innecesario: liquidaciones,
desempleo, ruptura de proyectos, incertidumbre en proveedores y empleados,
entre otras.

El Congreso acaba de aprobar una reforma educativa en donde el mérito
será una condición sine qua non, para escalar en la carrera académica y docente.
¿No debería esta dinámica aplicarse a todas las empresas e instituciones
públicas, salvo aquellas cuyo liderazgo es elegido por voto popular? ¿No deberían los funcionarios que han
cumplido las metas y objetivos permanecer en sus puestos?

Para saber más:

Ciudades y sectores para invertir en 2013

México, un socio estratégico internacional

Expertos: ‘Pemex no puede con todo’

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