Opinión

3 errores comunes que arruinan nuestras conversaciones

Hablar sobre nosotros detona en el cerebro la misma sensación de placer que tenemos cuando comemos o ganamos dinero, pero genera incomodidad en el otro. ¿Cómo encontrar los factores que nos están haciendo perder el piso en una conversación? Te contamos.

27-10-2016, 5:30:44 PM
3 errores comunes que arruinan nuestras conversaciones
Marcela Hernández y Hernández, Cae-el20

En artículos anteriores, ya hemos hablado de las claves para tener una conversación efectiva, pero creo que también es importante conocer no sólo lo que nos ayuda a lograrlo, sino los posibles obstáculos que nos están impidieron llegar ahí.

Si no somos conscientes de estas limitaciones, por más que sigamos las mejores prácticas no podremos fluir en una buena conversación: 

1.- No dejar hablar al otro

Además de la importancia de escuchar las inquietudes y necesidades de nuestro interlocutor para entenderlo mejor y generar acuerdos efectivos, dejar que la otra persona nos comparta sus pensamientos y sentimientos lo hará sentir cómodo y feliz, lo cual mejorará la calidad de la conversación y el vínculo que se genera entre ambas partes. 

Estudios realizados por neurocientíficos de la Universidad de Harvard demuestran que hablar sobre nosotros – ya sea en una conversación uno a uno o incluso a través de redes sociales – detona en el cerebro la misma sensación de placer que tenemos cuando comemos o ganamos dinero.

La mejor vía para lograr que el otro hable es mostrarnos genuinamente interesados a través de preguntas que lo inviten a abrirse y compartir con nosotros. La próxima vez que estés en medio de una conversación date cuenta de cuánto estás hablando y ejercita tu capacidad para realizar preguntas que le aporten mayor profundidad a la conversación. 

2.- Ansiedad

¿Te has dado cuenta de lo incómodo que puede resultar tener una conversación cuando una o ambas partes están ansiosas? En estos casos no es sencillo que se dé un verdadero intercambio o conexión. Seguramente uno de los interlocutores estará pensando: “a qué hora terminamos con esto”. 

Ya sea que tú seas el ansioso o lo sea tu interlocutor, lo primero que hay que hacer es notar esa ansiedad, darte cuenta de qué estás pensando en ese momento que puede estar generando esa emoción: ¿le caeré bien?, ¿qué estará pensando de mí?, ¿y si quedo mal?, ¿qué consecuencias tendré? Siendo así, tu mente está mucho más ocupada en tus pensamientos que en lo que la otra persona tiene que decirte.

Si la ansiedad la tiene la otra persona, revisa de qué manera puedes estar contribuyendo a que se sienta así. Quizá sea tu lenguaje corporal, o tu actitud. Ayúdalo a reducir su ansiedad, relaja tu postura, utiliza algún rompehielos, hazle una pregunta que lo lleve a hablar de sí mismo, etc.

3.- Falta de claridad y objetivos

Una conversación puede volverse cansada o tediosa cuando no tiene pies ni cabeza, no lleva un ritmo en el que ambas partes forman parte de la danza o no hay un objetivo común que les permita coordinar acciones.

La clave es detectar los momentos en que la conversación se estanca o alguna de las partes ha comenzado a divagar, y buscar retomar el objetivo inicial sin permitir que el miedo a parecer “rudos” nos impida ser claros y concisos.

Aunque se trate de una charla informal entre amigos es importante que tengamos claro cuál es el sentido de nuestra conversación. A veces simplemente se trata de conocerse más, desahogar alguna emoción o aclarar un malentendido, etc. Lo importante es que al final de la conversación ambas partes tengan la sensación de haber avanzado hacia algún punto en el que no estaban y que resulte benéfico para la relación.

Así como no es lo mismo oir que escuchar, hablar y conversar son dos mundo muy distintos y la calidad de nuestras conversaciones determinará el éxito de nuestras relaciones.

Uno de nuestros mayores errores no está relacionado con competencias o habilidades conversacionales, sino con el enfoque que tenemos durante nuestras charlas. Generalmente, nuestra principal inquietud está en proyectarnos como alguien interesante, cuando la clave del éxito para una conversación efectiva está en mostrarnos interesados en el otro o en la relación.

¿Cómo te muestras en tus conversaciones, interesante o interesado?

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