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El fin de los países emergentes

Un reequilibrio masivo es lo que ocurrirá con la geografía de la innovación. Aquí un adelanto de lo que leerás en la Revista impresa de Alto Nivel de agosto.

01-08-2012, 1:35:50 PM
El fin de los países emergentes
Ulises Navarro y Edgar Apanco| Retratos Gilberto Contreras

Te compartimos una parte de la portada de la Revista Alto Nivel de agosto, que ya circula en los escaparates editoriales.

El financial meltdown (este término tan elegante y
sofisticado para decir ‘crisis’) de 2008 y 2009 dejó algo en claro: Estados
Unidos y Europa no pueden  –ni siquiera
deben– ser siempre el centro gravitacional de la innovación.

Este debe moverse hacia donde están los mercados en
crecimiento. ¿Qué tallos llamados ‘países emergentes’? Sí, ese grupo de
nacionesque apenas iniciada la década ya acaparaban el 40% del PIB mundial y
37% de la IED, y que para 2050 serán 19 de las 30 mayores economías del mundo.
Incluso pesarán más que los actuales miembros de la OCDE.

¿Qué hace tan atractivas a estas naciones, más allá de su
elevado crecimiento, su clase media en expansión y su deuda, déficit e
inflación bajo control?

La respuesta la tienen las firmas multinacionales, con dos
fenómenos que corren de forma paralela: El primer fenómeno tiene que ver con el
nuevo perfil científico y tecnológico de cerca de 22 mil multinacionales de
estos países, desde las indias Bharti Airtel y Tata hasta las chinas Huawei y
Mindray, pasando por la sudafricana NTM y la brasileña Embraer. Estas firmas producen
innovación a bajo costo: las farmacéuticas indias Bharat Biotech y Ranbarxy
venden dosis de vacunas por una fracción del costo de sus pares occidentales.

Ejemplos de innovación disruptiva (así se las ha llamado a
estas innovaciones) serán la constante y no la excepción. Como lo indica el
informe de la Unesco sobre la ciencia, los mercados emergentes ya concentran
cerca de 40% del total de los investigadores en el mundo.

El segundo fenómeno involucra a las grandes multinacionales occidentales,
donde ya ocurren dos situaciones particulares. Por un lado está el tema de los
ingresos: para muchas, los mercados emergentes representan el grueso de sus
números. Por otro lado, está la innovación que ya están importando desde sus
sedes en India, China, México o Brasil por igual.

El fenómeno tiene nombre y apellido: se llama reverse
innovation
. Fue caso de estudio en Harvard y se originó en GE.

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Gabriela Hernández, presidenta y directora general de GE
México, está aquí para hablarnos de estos movimientos, de las implicaciones del
TLCAN a casi 20 años de distancia de su firma, y del futuro de México en
aeronáutica.

También nos aclara por qué, desde su perspectiva, ya no
existen las naciones emergentes.

¿Qué importancia
tienen los mercados emergentes para GE?   No por nada eligieron la India para fundar allí su centro de
investigaciones más grande del mundo.

Desde hace varios años, más del 50% de
los ingresos de GE provienen de fuera de EU. Hoy estamos en proceso de
convertirnos en a true global company.

Si algo dejan 140 años de historia a GE es una gran
capacidad de evolucionar. Global Growth & Operations es una nueva división
con una misión clara: llevar los centros de innovación a esos países.

Aquí desempeña un papel vital el concepto de reverse
innovation, es decir, ¿cómo innovamos fuera de los centros de gravedad
naturales?

¿Por qué innovar fuera de Estados Unidos y Europa?

¡Porque los mercados están fuera de ahí! La innovación no es
inventarle al cliente qué necesita, es ver qué necesita el cliente para que de
ahí se invente lo que necesita.

Eso se logra estando cerca del cliente. En India, por ejemplo,
se desarrolló el Vscan, un instrumento de diagnóstico con la tecnología del
ultrasonido. Con él puedes detectar un problema en el hígado o en el riñón, o
cómo  viene un bebé.

El “déjame verte” dicho por los doctores ahora sí es una
realidad: ¡ven tus órganos! Y se crea en la India, un país donde –al igual que
en Latinoamérica– difícilmente tendrán un tomógrafo en una clínica rural.

El concepto de reverse innovation lleva los centros de
innovación fuera de donde tradicionalmente estaban.  Para mí, eso de ‘países emergentes’ está mal;
ya emergieron. Simplemente tienen necesidades distintas y un  desarrollo diferente al tradicional.

Los mercados están cambiando a la velocidad de la luz. Una
empresa de un solo producto se mueve rápidamente. ¿Cómo mueves un gigante con
300 mil empleados, 148 mil mdd en ventas –2 mil procedentes de México– y
presencia en más de 100 países?

Trabajando con la gente. La toma de decisiones ha cambiado: ya
no debe pasar por cinco países, o tres, y llegar a headquarters en Estados
Unidos. Se están transfiriendo varios de estos centros de decisiones a nivel
regional.

¿Cómo opera hoy GE en México, si partimos del hecho de que
aquí tienen 11 mil empleados y 21 plantas?

Siguiendo las directrices globales. Agrupamos más de 100
subnegocios en GE Works, un posicionamiento a partir de las cuatro áreas donde
impactamos: GE Move (mueve al mundo, con la última tecnología en turbinas de aviones
y motores de trenes), GE Cure (sana a las personas con su avanzada tecnología),
GE Building (construye soluciones e ideas de financiamiento) y GE Power (impulsa
al mundo a través de tecnologías que crean una infraestructura eléctrica más limpia, inteligente y eficiente).

Esta última es la que reporta mayores ingresos.

Una semana antes de las elecciones, GE hizo un importante anuncio
referente a proyectos de largo alcance en México. ¿Ello es un voto de confianza?

Vemos un México con instituciones maduras y una
macroeconomía  estable,
independientemente de sus ciclos políticos electorales. Aquí nos vamos a
quedar. Esa es la señal que queremos dar.

¿Y por qué apostar por la aeronáutica en México?

Porque aquí somos competitivos. El anuncio es un
reconocimiento al talento de nuestros ingenieros. También anunciamos que para
cubrir los requerimientos de las nuevas disciplinas se sumarán 100 ingenieros
al año de aquí a 2015. Pero, sin duda, el corazón del anuncio son los convenios
con las universidades públicas y privadas.

La intención es desarrollar posgrados y, posteriormente, trabajar
en la fabricación de aviones 100% mexicanos.

 

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¿Qué mercados ves con alto potencial? ¿En qué industrias debe
enfocarse México?

Años atrás, el gobierno detectó que el sector automotriz se
debía fortalecer. Hoy somos el cuarto exportador. En aeronáutica seguimos esa
receta. Creo que el sector textilero y la industria de la moda también tienen
potencial. 

El nombre del juego es competencia. O compites o te quedas
fuera. Usemos el símil de una orquesta: cada país toca un instrumento. ¿El
pianista debe tocar el violín? ¡No! ¡Que toque el piano! Por ello, México debe encontrar
sus fortalezas. A principios de los 90 éramos una plataforma de manufactura
barata. Hoy esa ya no es nuestra realidad; tenemos costos competitivos, pero también
talento, procesos, seguridad y calidad.

Jugaste un papel relevante en la firma del TLCAN hace 20
años. A la distancia, ¿cómo lo evalúas?

El TLCAN fue el instrumento que nos trajo a este siglo.

Una vez firmado cambiamos muchísimas leyes, nuestra mentalidad,
nuestro ánimo, nuestra autopercepción como mexicanos. El saldo ha sido muy
positivo.

La industria se desarrolló, las exportaciones crecieron, dejamos
de depender del petróleo. Falta ver si debemos pensar en una integración más
regional.

La firma del NAFTA coincide con la estabilidad económica de
las últimas dos décadas. Pero ¿no hemos caído en excesivos tratados?

No hay modelo perfecto, pero considero que como apuesta de
largo plazo tiene mucho más sentido l modelo de apertura. Los sectores deben
estar donde hagan mejor sentido en costo, talento y ubicación geográfica.

Eso permite el libre comercio y tener fronteras abiertas.

A mayor cantidad de tratados comerciales, ¿mayor inversión
extranjera?

No sé si hay una proporción directa, pero sí ha sido el caso
de México. También es la señal que manda un país.

¿Qué atrae la inversión extranjera? Un marco legal y
financiero claro. El inversionista no tiene nacionalidad; pondrá su dinero
donde vea que redituará, donde vea seguridad y un importante retorno de
inversión.

Finalmente, ¿regresarías al sector público?

No; me veo entusiasmada en lo que hago. Hoy te puedo  decir que estoy encantada en GE. Todos los
días, a toda hora, aprendo algo nuevo y puedo hacer algo diferente: de estar
sentada en una reunión de GE Capital, puedo pasar a una de healthcare, de
aviation o de transportation, luego regresar a una de energy y finalizar con
una de real estate. Es un trabajo privilegiado.

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¿Qué opinas del reverse innovation? 

Para saber más:

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