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Firma china construye pueblo minero en Perú

La estatal china Chinalco desarrolla una nueva ciudad para poder mudar a una población asentada sobre parte de su proyecto cuprífero Toromocho.

02-07-2012, 7:36:10 AM
Firma china construye pueblo minero en Perú
Reuters

A unos 4,500 metros sobre el nivel del mar, en los Andes de
Perú, la minera Chinalco construye una nueva ciudad para poder mudar a una
población asentada sobre parte de su proyecto cuprífero Toromocho de 2,200
millones de dólares.

La estatal china Chinalco dijo que terminará a fines de
julio la construcción del pueblo con calles pavimentadas y casas de más de un
piso para 5 mil personas.

Pobladores del antiguo pueblo de Morococha tendrán ahora
acceso a servicios que actualmente carecen, como agua, alcantarillado y sistema
eléctrico. Además, los campesinos vivirán en sus propias viviendas y no pagarán
renta.

Chinalco, que invirtió 50 millones de dólares en la construcción
del nuevo pueblo, define la obra como el mayor proyecto social privado en la
historia de la minería en Perú, que le ayudaría a evitar una oposición de las
comunidades que en otras zonas del país han paralizado multimillonarios
proyectos, como Minas Conga, de la estadounidense Newmont.

Si Chinalco puede persuadir a los residentes de Morococha a
mudarse al nuevo pueblo que está a 15 minutos de distancia en auto, podría
cambiar las ideas sobre la responsabilidad de las empresas frente a protestas
sociales que el presidente peruano, Ollanta Humala, lucha por resolver y que
amenazan inversiones por más de 50.000 millones de dólares en el sector minero.

“Un proyecto de esta magnitud ha generado muchas
expectativas”, dijo el representante de Chinalco en la comunidad de
Morococha, Pedro Salazar.

“Otras empresas mineras están viendo esto como un punto
de referencia”, agregó, frente a una fila de nuevas casas de cemento.

Toromocho espera producir anualmente 250.000 toneladas de
cobre (casi la cuarta parte de la producción total actual del país) durante
unos 35 años desde fines del 2013, y el nuevo pueblo podría revertir las ideas
sobre las empresas chinas.

Muchas de estas compañías han sido acusadas en el pasado de
operar sin la menor consideración a los trabajadores y pueblos pobres de Perú y
otros países en desarrollo.

Chinalco afirma que el 75 por ciento de los pobladores de
Morococha apoya mudarse del pueblo en el que viven actualmente bajo la sombra
de una enorme montaña cobriza que será explotada.

La minera espera persuadir a más residentes de mudarse
llevándolos a visitar la casi terminada ciudad que se construye desde hace dos
años.

“Algunos quieren trasladarse porque viven en cuartos
alquilados, otros no quieren irse porque la empresa debe ser consciente en
reconocer todo lo que necesitamos”, dijo Rebeca Antonio, que vende dulces
y sodas y está preocupada de que no habrá suficiente comercio de a pie en el
nuevo pueblo para que ella pueda vivir.

Residentes de la zona que están a favor de la mudanza
afirman que prefieren vivir a una menor altitud, en un nuevo lugar que no está
rodeado de perforaciones mineras . Dicen también que Chinalco hizo más por
ellos que el alcalde del pueblo ubicado a 149 kilómetros al este de Lima.

Sin planes de mudarse

Pero otros pobladores y autoridades del gobierno local no
están entusiasmados porque temen perder el control sobre su propio sustento sin
una adecuada compensación, en una comunidad cuya historia está inexorablemente
vinculada a la minería.

“No hay nada cierto. No tenemos planes de
mudanza”, dijo la gerente general de la municipalidad de Morococha, Vilma
Pariona, a Reuters, sin detallar cómo es que este masivo proyecto aprobado por
el Gobierno podría ser paralizado.

Salazar de Chinalco dijo que los pobladores que se resisten-
entre ellos personas a quienes no se les dará casas porque llegaron a Morococha
después del período de inscripción del proyecto de mudanza en el 2006 – no
retrasarán el inicio de operaciones de la mina el próximo año.

En teoría, ellos podrían quedarse en el viejo pueblo por
cinco años más, si es que pueden tolerar el polvo y el ruido.

A pesar de una década de boom económico ayudado por el voraz
apetito de China por los metales que Perú exporta, dos tercios de los peruanos
del área rural viven en la pobreza, lo que aviva la desconfianza y el
descontento.

En zonas con geografía accidentada como Morococha donde los
programas sociales del Gobierno y la infraestructura son escasos, las empresas
dicen que ahora son forzadas a cumplir con el rol del Estado de construir
escuelas, caminos y centros médicos, o enfrentar ataques por el malestar
social.

Historia nefasta

Al menos 10 personas han muerto en disputas vinculadas a la
explotación de los recursos naturales desde que Humala asumió el poder en julio
del año pasado, según datos oficiales. Unas 174 personas murieron en protestas
sociales en el Gobierno previo de Alan García.

Las firmas chinas también han enfrentado violentas protestas
mineras.

Un paralizado proyecto de cobre Río Blanco en el norte de
Perú se frustró por ataques violentos antes y después de que fuera comprado en
el 2007 por Zijin de China.

Chinalco dice que espera marcar un curso diferente.

“Las empresas que están entrando recién yo sé que toman
nota de los conflictos que hay y están tratando de mejorar su desempeño y de
tener una mejor relación con la población local”, dijo el coordinador regional
de la ONG Revenue Watch, Carlos Monge.

Recuerdos de la minería en pueblos de los Andes centrales de
Perú, como Morococha, se remontan a siglos y todavía están presentes en la
población. Residentes aún hablan de un accidente minero que causó la muerte a
27 personas en 1928 y muchos han trabajado arduamente en yacimientos que han
hecho de Perú uno de los mayores productores de metales del mundo.

Morococha está ubicado a unos 34 kilómetros de la ciudad de
La Oroya, que usualmente ha sido considerada como una de las localidades más
contaminadas del mundo por las operaciones de una fundición y refinería que
ahora están paralizadas.

Los pobladores de Morococha viven encima de túneles
abandonados y dicen que los relaves mineros se vertieron a reservorios cercanos
a la localidad desde las primeras incursiones mineras, que además causaron
problemas respiratorios y digestivos a los residentes.

“No queremos ser parte de esta nefasta
historia”, dijo Salazar de Chinalco, mientras examinaba el nuevo y aún
deshabitado pueblo de Morococha.


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