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El año nuevo, las expectativas

Echa un vistazo a esta reflexión sicológica sobre los sentimientos, perspectivas y deseos que se tienen cada que iniciamos un nuevo año.

19-12-2010, 5:00:00 PM
El año nuevo, las expectativas
Juan Elías Campos

El año nuevo podría vivirse con un sentimiento de alegría y esperanza; las personas sólo tendrían que tomarse algunos segundos para realizar una reflexión encaminada hacia evaluar lo cosechado: continuar con su proyecto de vida o rehacer el camino, en el caso de que los planes no hayan salido del todo bien.

Esta práctica podría ubicar a las personas en su realidad cotidiana y hacerles ver que las quejas y la frustración sólo son parte de un instante que se ha quedado atorado en el cerebro, el hígado o el corazón; al final, la vida sigue fluyendo.

El individuo tendría que partir de un principio muy elemental: tener claridad en lo que hace. Una mente despejada de neblina puede ver el camino correcto para lograr aquello que desea; el problema es aprender a despejarla.

Se ha hecho normal que las personas formen largas filas afuera de casas de empeño y establecimientos que prestan dinero a crédito para, según ellos, prepararse y recibir el año nuevo como se merece; esto en realidad es una ilusión, pues es muy probable que comiencen el 2011 con números rojos.

Comenzaremos el año igual que el anterior, a crédito de 12 o 18 meses sin intereses. La famosa cuesta de enero, que se hace cada día más vertical, ajusta el presupuesto de los meses siguientes, y cuando se cree ya superada, ¡oh sorpresa!, la siguiente época decembrina vuelve con más necesidades que la pasada. Y el círculo de la vida cotidiana se hace interminable.

Esta situación puede llevar a la desesperación e inquietud por tener un empleo mejor o buscar otro, y/o tener miedo de un recorte de personal y la angustia del fantasma de las deudas.

Por eso decimos que la vida es un “instante” en la cabeza, el hígado o el corazón, que se mira desde la solución de problemas e ideas que no se llevan a la acción. El enojo y la frustración por tener o no tener, estar justo, apretado por las necesidades que se desean satisfacer; la euforia por sentir un alivio al esperar o recibir un bono económico, no permiten pensar en el ahorro. Contradictoriamente, cuando se tiene se gasta en cualquier cosa.

Si a esto le sumamos los deseos mundanos que nunca se acaban -bajar de peso, irse a una playa, buscar el amor, tener una casa, redecorar nuestro hogar, estrenar vestido y un largo etc.-, entonces la diferencia entre el año viejo y el nuevo se difumina; la esperanza de aspirar hacia una vida mejor sólo es eso, algo lejos de la realidad cotidiana.

Las personas necesitan tener la mente despejada. El cambio o crecimiento que comienza este 2012 puede logarse si abrimos un espacio de reflexión. Si no hay los recursos personales ni económicos, habrá que empezar con ímpetu. El año viejo terminó, viene otro. La vida para el año nuevo puede planearse libre de deseos y deudas, de prisas y angustias, de euforia y enojo.

Este nuevo año lo adecuado sería que las personas hicieran un alto en la vida, respiraran profundamente y mirasen la situación donde se encuentran, y se preguntaran ¿qué es lo importante para vivir?

Un buen criterio para empezar este 2012 es apelar a los seres queridos, pensar en los otros, haciéndoles la vida un poco más disfrutable y divertida, borrar de la memoria de los años viejos, y dejar que la vida siga su curso, naciendo, creciendo, desarrollándose, floreciendo, sembrando y cosechando.

Juan Elías Campos es Psicoterapeuta psicocorporal, investigador de la UVM y asesor científico de Psicología y Educación Integral.

Psicología y Educación Integral A.C, es una institución que brinda servicios integrales en salud mental y educación, con el objetivo de promover y fomentar el desarrollo físico y psicológico (mental, social y emocional) del individuo, mediante la utilización y aplicación de teorías y técnicas de prevención, diagnóstico, intervención y rehabilitación educativa, psicológica y social. Para mayor información: http://www.peiac.org, contacto@peiac.org, o bien 46 327 889.

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