Defectos secundarios
por: Edgar Apanco
Cinéfilo y numerólogo (de taquilla, no de astros) que se coló en Escala y Cine Premiere. ¡Ah! Y editor de Alto Nivel.

Seis detalles (mínimos) que todo directivo no debe olvidar

  1. Fechas de cumpleaños. Nadie está diciendo que debas saber los cumpleaños de todos quienes laboran en tu corporativo, pero sí de tu círculo cercano y de aquellas personas a las que dices “buenos días” todos los días, desde que entras al estacionamiento hasta que llegas a tu oficina.
  2. Facebook. Por favor, bajo ninguna circunstancia aprietes ese botoncito de “solicitud de amistad” (friend request) a tus subordinados en la red social. No es bonito tener al jefe viendo qué hace uno después de las 6 de la tarde y los fines de semana.
  3. Tarjetas de presentación. Coloca tarjeteros en lugares específicos; nunca todas en tu santuario laboral llamado oficina. Quizás sea conveniente tener un stock en la guantera del auto, y un ‘guardadito’ en casa. Si sales de viaje, no te darás de topes ni dirás: “¡Mis tarjetas! ¡Están en la oficina!”
  4. Aniversarios. No sólo el de tu esposa/esposo/pareja/conyuge/(¿amante? ¡No, no!). ¿Cuándo ‘cumplen años laborales’ los integrantes de tu equipo de trabajo? ¿Cuándo es el aniversario de la empresa? (sí: por increíble que parezca, hay empresas que no lo anuncian).
  5. Teléfonos de emergencia. Sucedió a un familiar muy querido: durante las más recientes inundaciones en la ciudad de México, prácticamente tuvo que salir nadando de su auto y su teléfono móvil quedó inservible. Intentó llamar a su familia, pero el teléfono de casa sonaba ocupado. Entonces quiso marcar a otro número, pero no se sabía UNO solo. La moraleja es simple: con las memorias de los smartphones nos hemos olvidado de aprendernos teléfonos. Nunca está de más sabernos al menos un par.
  6. Abrazos. Cinco al día. Ni uno menos.

 

El defecto secundario que debemos corregir:

No olvidar cumpleaños, aniversarios ni tarjetas de presentación. No aceptar a nuestro equipo de trabajo en Facebook. Aprendernos teléfonos de emergencia. Y abrazar más.

Muuuuucho más.